Nuestra universidad empezó como el Colegio de San Nicolás, fundado por jesuitas en 1623. Pasó por mil nombres y crisis hasta que en 1923 se convirtió en la primera universidad autónoma de México.
Es el cerebro de la ciudad, un edificio central donde los pasillos huelen a historia y a café de examen final. La autonomía potosina no fue un regalo, fue el resultado de una sociedad que entendió que el saber no debe tener dueño.
Es nuestro mayor orgullo intelectual, nacido de un exconvento y forjado en la rebeldía estudiantil.


