Desde el corazón de Rioverde hasta las luces de Hollywood.

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Mucho antes de que Hollywood se convirtiera en sinónimo de glamour y reflectores, una joven nacida en Rioverde, San Luis Potosí, se atrevió a soñar en grande. Su nombre era Virginia Enriqueta Ramírez Verástegui, y el mundo del cine la conocería más tarde como Ligia de Golconda, una de las figuras mexicanas que dejaron huella en los primeros años del cine mudo.

Enriqueta nació en 1894, en una época en la que las historias se contaban sin palabras y las imágenes eran suficientes para emocionar. Hija de Lauro Ramírez Sr. y Virginia Verástegui Cabrera, creció lejos de los grandes estudios cinematográficos, pero con un destino que la llevaría hasta las pantallas de Hollywood.

Su nombre artístico fue una declaración de identidad y aspiración: Ligia, tomada de la heroína de la novela Quo Vadis, y Golconda, en referencia a las legendarias minas de diamantes de la India, símbolo de belleza y rareza. Bajo ese nombre participó en diversas producciones entre las décadas de 1920 y 1930, formando parte de una generación que dio rostro al cine silente.

Películas como Amnesia (1921), Fulguración de raza (1922), Marca de cobardía (1925), Su sacrificio (1926), La dama atrevida (1931) y El último varón sobre la Tierra (1933) conservan la memoria de una mujer que desafió fronteras culturales y lingüísticas en una industria aún en formación.

Hoy, la historia de Enriqueta Ramírez Verástegui permanece como un motivo de orgullo para Rioverde, la de una mujer que desde el interior de México, logró abrirse paso en Hollywood y dejar su nombre inscrito.

Créditos de Fotografía: Noticieros Cablerv-Rioverde, SLP

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