[ian_imagen_fecha]
Publicaciones hasta [ian_fecha_corte]

¿Qué culpa tiene la gente? Las preguntas que también debería responder el gobierno de San Luis Capital

“¿Qué culpa tiene la gente?”, cuestionó Enrique Galindo al hablar de la decisión de recibir en San Luis Potosí residuos provenientes de Villa de Pozos y Soledad de Graciano Sánchez. Y sí, la gente no tiene la culpa. Pero esa pregunta también aplica para la ciudadanía que enfrenta los problemas todos los días.

¿Qué culpa tiene la gente de los baches? Ninguna. El ciudadano no construyó la calle, no decidió dejarla deteriorarse y tampoco tiene por qué pagar las consecuencias cada vez que un hoyo termina dañando una llanta, una suspensión o todo un vehículo. La gente paga impuestos; no debería pagar dos veces por una calle que necesita mantenimiento.

¿Qué culpa tiene la gente del tráfico? Ninguna. El trabajador no diseñó las vialidades, no programó las obras y tampoco decide cuándo cerrar una calle. Pero ahí está: horas perdidas, gasolina gastada y ciudadanos llegando tarde a sus trabajos, escuelas o citas. El tráfico lo padece la gente; planear la movilidad le corresponde al gobierno.

¿Qué culpa tienen los ciclistas? Ninguna. Si una persona decide utilizar la bicicleta para trasladarse, no tendría que convertir cada recorrido en una prueba de supervivencia entre automóviles. El ciclista no tiene la culpa de que la infraestructura no alcance; tiene derecho a moverse de manera segura. ¿Qué culpa tiene el peatón? Ninguna. Si una banqueta está destruida, bloqueada o resulta imposible de utilizar, ¿por qué tendría que ser el ciudadano quien se baje a la calle y se exponga? Caminar por la ciudad no debería convertirse en un obstáculo.

¿Qué culpa tiene la gente cuando no tiene agua? Ninguna. El ciudadano no administra los pozos, no decide cuándo se rehabilitan y tampoco determina cómo se distribuye el suministro. Pero cuando falla un pozo, ¿quién termina cargando cubetas, comprando agua o modificando su rutina? La gente.

¿Qué culpa tiene una familia de que falle un pozo? Ninguna. Y tampoco tiene la culpa de que una infraestructura hidráulica necesite mantenimiento. El ciudadano únicamente espera abrir la llave y encontrar algo tan básico como agua. Si el servicio falla, la pregunta no debería ser qué culpa tiene la gente, sino qué se está haciendo para solucionarlo. ¿Qué culpa tiene la gente de la infraestructura deficiente? Ninguna. La ciudadanía no decide qué vialidad se rehabilita, qué obra se prioriza ni cómo se planea el crecimiento de la ciudad. Pero sí es la primera en encontrarse con calles deterioradas, vialidades saturadas y servicios que no siempre responden a sus necesidades.

Y entonces viene la pregunta incómoda: ¿Qué culpa tiene la gente de todo esto?

De los baches, ninguna.

Del tráfico, ninguna.

De que un pozo falle, ninguna.

De no tener agua, ninguna.

De que una banqueta esté destruida, ninguna.

De que un ciclista tenga que exponerse entre vehículos, ninguna.

De que la infraestructura necesite atención, ninguna.

La ciudadanía no gobierna la ciudad.

No decide dónde se invierte.

No administra los servicios.

No programa las obras.

No mantiene las vialidades.

No opera los pozos.

Pero sí vive las consecuencias cuando algo de eso falla.

Por eso, la frase de Galindo puede regresar como un espejo: “¿Qué culpa tiene la gente?”

Pues ninguna. Y si la gente no tiene la culpa, entonces la pregunta que sigue es todavía más incómoda:

¿Quién tiene la responsabilidad de que estos problemas se resuelvan?.

Similar Articles

Comments

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Advertismentspot_img

Instagram

Most Popular