Caminar por San Luis Potosí es recorrer una ciudad… y varias versiones de ella al mismo tiempo.
Las calles, por ejemplo, no siempre se llamaron como hoy. De hecho, han cambiado tantas veces que uno sospecha que la historia local tiene cierta debilidad por reinventarse.
Nombres religiosos, luego civiles. Referencias a personajes, después a fechas. Héroes que entran, héroes que salen. Todo dependiendo del momento político y de quién estuviera decidiendo qué debía recordarse.
El resultado es una cartografía inestable. No porque las calles se muevan, sino porque su significado cambia. Lo que antes honraba a alguien, después puede ignorarlo. Lo que parecía permanente, resulta provisional.
Y así, sin hacer mucho ruido, la ciudad se reescribe, no en libros, sino en placas.


