Julián Carrillo representa esa figura trágica y brillante del potosino que rompe el molde. Su propuesta del Sonido 13 no fue solo una teoría musical; fue un desafío a siglos de tradición occidental.
Carrillo afirmó que el piano tradicional era un instrumento incompleto y se dedicó a buscar los sonidos que existían entre una tecla y otra. Su genialidad, sin embargo, resultó profundamente incómoda para una sociedad que valora la estabilidad y lo previsible.
A menudo, el genio en San Luis es visto como una excentricidad que se tolera pero que no se entiende del todo. Carrillo tuvo que buscar reconocimiento fuera de su tierra para que aquí empezáramos a ponerle su nombre a las calles.
La incomodidad que generaba radicaba en que obligaba a los potosinos a cuestionar lo que daban por sentado. Escuchar el Sonido 13 requiere un esfuerzo auditivo y mental que no todos estaban dispuestos a hacer. Hoy lo celebramos con monumentos, pero en su momento, Carrillo fue el recordatorio de que en esta ciudad, ser demasiado original es una forma muy elegante de quedarse solo, esperando a que el futuro alcance a tus ideas.


