Francisco Javier Clavijero representa el nacimiento de la conciencia histórica mexicana dentro del pensamiento ilustrado del siglo XVIII. Su labor como historiador y jesuita estuvo marcada por la necesidad de dotar a los habitantes de la Nueva España de un pasado propio y digno, desmantelando las teorías europeas que retrataban al continente americano como un territorio degenerado y carente de civilización real antes de la llegada de los conquistadores.
Su obra máxima, redactada en el exilio italiano tras la expulsión de su orden, fue un acto de patriotismo intelectual monumental. Clavijero rescató la complejidad de las instituciones aztecas, la precisión de sus calendarios y la riqueza de sus lenguas con un rigor metodológico que transformó la historiografía de la época. En un San Luis que todavía operaba bajo los códigos de la burocracia virreinal, las ideas de Clavijero llegaron de contrabando para alimentar las mentes de los criollos que empezaban a sentirse más americanos que españoles.
Nos enseñó que la identidad de un pueblo se resguarda en sus libros, dejando claro que para fundar una nación libre, primero hay que aprender a respetar la grandeza de sus antiguos monumentos y la memoria de sus primeros habitantes.


