“Cruz Azul Femenil y una polémica que vuelve a exhibir la violencia contra las mujeres en el futbol”
Lo ocurrido alrededor de Cruz Azul Femenil en los últimos días va mucho más allá de una goleada. El 10-0 que América le propinó al conjunto celeste en la Jornada 2 del Apertura 2026 fue un duro golpe deportivo y provocó la salida de Israel Del Real como director técnico. Sin embargo, la conversación tomó otro rumbo cuando comenzaron a difundirse comentarios misóginos, sexualizados y denigrantes contra las futbolistas y contra la directora deportiva del club, María Fernanda Pons.
Como mujer y como parte de una sociedad que todavía cuestiona constantemente a las mujeres por ocupar espacios que durante décadas fueron considerados exclusivamente masculinos, resulta importante hacer una distinción: criticar el desempeño de una futbolista no es violencia; insultarla, sexualizarla, amenazarla o utilizar su género para desacreditarla sí lo es. Una derrota 10-0 puede ser analizada, cuestionada y hasta considerada vergonzosa desde lo deportivo, pero ninguna goleada justifica que las jugadoras sean convertidas en blanco de ataques machistas.
La polémica se originó a partir de expresiones realizadas en el podcast Pláticas del Mal, donde se hicieron comentarios considerados misóginos y denigrantes hacia integrantes del plantel femenil de Cruz Azul. El contenido comenzó a circular ampliamente en redes sociales y generó una reacción inmediata. María Fernanda Pons salió en defensa de las jugadoras, mientras que Cruz Azul anunció que rompió vínculos con los involucrados y se reservó el derecho de emprender acciones legales. Además, el club señaló que María Fernanda Pons recibió amenazas a través de redes sociales y que se establecieron medidas de protección para ella.


La respuesta no se quedó únicamente en La Noria. La Liga MX Femenil condenó públicamente cualquier expresión de violencia verbal, machismo, sexualización o descalificación contra las futbolistas y recordó que la rivalidad deportiva nunca puede utilizarse como argumento para justificar agresiones. El organismo también señaló la necesidad de fortalecer las medidas de prevención y atención frente a este tipo de violencia dentro del futbol mexicano.

Otros equipos también levantaron la voz. Pumas Femenil expresó su rechazo a cualquier manifestación que denigre u ofenda a las mujeres que participan en el futbol, mientras que la Secretaría de las Mujeres calificó como inadmisibles los comentarios dirigidos contra las integrantes de Cruz Azul. El mensaje de fondo fue claro: las jugadoras tienen derecho a competir, equivocarse, perder, recibir críticas deportivas y también ser cuestionadas, pero no a ser violentadas por el hecho de ser mujeres.
Y aquí es donde el caso adquiere una dimensión que va más allá de Cruz Azul. Durante años, las mujeres que trabajan en el deporte han tenido que demostrar una y otra vez que merecen estar ahí. Jugadoras, entrenadoras, árbitras, directivas, periodistas y aficionadas constantemente enfrentan comentarios sobre su cuerpo, su apariencia, su vida personal o su género, en lugar de que su trabajo sea evaluado únicamente por sus capacidades. El problema no es que existan críticas; el problema aparece cuando la crítica deja de hablar de futbol y comienza a utilizar el género como arma.
En lo deportivo, Cruz Azul también tiene mucho que resolver. Después de la salida de Israel Del Real, el equipo quedó bajo el mando interino de Teresa Guadalupe “Lupita” Worbis, exjugadora de la Selección Mexicana. La institución tendrá ahora que reconstruir anímicamente a un plantel que viene de una derrota histórica y demostrar que lo ocurrido ante América puede convertirse en un punto de inflexión.
Porque sí, el futbol femenino debe ser exigido. Las jugadoras merecen el mismo análisis, la misma crítica y la misma presión deportiva que cualquier futbolista varón. Pero exigirles profesionalismo no significa permitir que sean humilladas, sexualizadas o amenazadas. La profesionalización de la Liga MX Femenil también implica construir una cultura deportiva donde las mujeres puedan perder un partido sin que su condición de mujer sea utilizada para atacarlas.
Lo ocurrido con Cruz Azul debería servir para recordar algo básico: las jugadoras no tienen que ser perfectas para merecer respeto. Pueden tener un mal partido, cometer errores, perder por goleada e incluso atravesar una crisis deportiva. Lo que no deberían tener que soportar es violencia por el simple hecho de ser mujeres.


