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Pauleth Viridiana, el angelito del Saucito que sigue viviendo en el corazón de los potosinos

Su tumba, convertida en una pequeña casita llena de colores, flores y dulces, se ha convertido en uno de los espacios más visitados del panteón. Su madre, Elia Torres, mantiene viva su memoria y comparte cómo, a través de los sueños, sigue sintiéndola cerca.

En el pasaje principal del panteón del Saucito, en San Luis Potosí, hay una tumba que difícilmente pasa desapercibida. Se trata de la pequeña casita de Pauleth Viridiana Salinas Torres, una niña que, aunque dejó este mundo hace años, permanece presente en la memoria de su familia y de muchos potosinos que, al visitar el camposanto, se detienen unos momentos frente a su última morada. Pauleth nació un 21 de abril de 1988 y falleció el 28 de octubre de 1999, cuando tenía apenas 11 años.

En entrevista, su mamá, Elia Torres, recordó que Pauleth comenzó a enfrentar una enfermedad cuando tenía apenas ocho años y medio: Lupus. Su partida dejó un profundo vacío en su familia. Fue la mayor de cuatro hermanos y, para su madre, siempre será aquella pequeña introvertida, cariñosa y muy inteligente. Recuerda que disfrutaba mucho las festividades, que vivía con especial emoción, como el Día de Muertos y la Navidad, fechas que esperaba para compartir y disfrutar en familia.

Elia cuenta que cada año se encarga personalmente de mantener arreglada su tumba, cambiarle los colores y darle una nueva imagen a esa pequeña casita que representa el cariño que todavía le tiene. Durante estas fechas, el espacio se llena de muñecas, flores y dulces, como una manera de celebrar su recuerdo y hacerle sentir que sigue siendo parte de la familia. Sus seres queridos también acuden a visitarla, pues asegura que nunca la han dejado sola: «Para nosotros ella sigue estando con nosotros ».

Pero la historia de Pauleth también ha trascendido a quienes no tuvieron la oportunidad de conocerla. Su mamá comparte que algunas personas que visitan su tumba le han contado experiencias y sueños en los que sienten la presencia de la pequeña, incluso con mensajes relacionados con recordar y visitar a sus propios familiares fallecidos. Para Elia, estos relatos son muestras de que el amor no desaparece con la ausencia y de que el vínculo con su hija permanece intacto.

«Solo nos separa literalmente la tierra, nada más», expresa Elia Torres al hablar de Pauleth, con quien asegura mantener una conexión a través de los sueños y los recuerdos. Así, la casita del Saucito se ha convertido en mucho más que una tumba: es el amor de una madre que sigue encontrando formas de abrazar la memoria de su hija y de una pequeña que, con el paso de los años, continúa despertando curiosidad y nostalgia entre quienes recorren los pasillos del panteón.

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