Con la llegada del otoño al hemisferio norte, los cambios en la duración de la luz solar comienzan a hacerse más evidentes: las tardes tienen menos horas de iluminación y, en algunas especies de árboles, las hojas comienzan a adquirir tonalidades amarillas, naranjas, rojizas y cafés.
Uno de los principales motivos está relacionado con la inclinación del eje de la Tierra, que provoca que los hemisferios reciban diferentes cantidades de luz solar a lo largo del año. Conforme avanza el otoño, el hemisferio norte se inclina progresivamente en dirección opuesta al Sol, por lo que los días comienzan a ser más cortos y las noches más largas.
El equinoccio de otoño marca el momento en que el día y la noche tienen una duración aproximadamente similar. A partir de entonces, las horas de luz continúan disminuyendo hasta alcanzar el solsticio de invierno, cuando se registra el día más corto del año en el hemisferio norte.
Pero el cambio de estación también puede observarse en los árboles. El color verde de las hojas se debe principalmente a la clorofila, un pigmento indispensable para la fotosíntesis. Cuando disminuyen las horas de luz y cambian las condiciones ambientales, algunos árboles reducen la producción de clorofila.
Al disminuir el pigmento verde, comienzan a hacerse visibles otros compuestos presentes en las hojas. Los carotenoides producen tonalidades amarillas y anaranjadas, mientras que las antocianinas están relacionadas con algunos tonos rojizos y púrpuras.
Finalmente, cuando la hoja deja de realizar sus funciones y pierde agua, puede adquirir una tonalidad café y desprenderse del árbol. Sin embargo, este proceso no ocurre igual en todas las especies y depende de factores como el clima, la temperatura, la disponibilidad de agua y las características de cada árbol.
Así, fenómenos cotidianos como notar que anochece más temprano o que algunas hojas cambian de color son parte de las transformaciones naturales que acompañan el avance del otoño.


