Entre polvo, fe y sacrificio: jóvenes reviven el viacrucis en calles de la colonia Cactus

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Foto: Ángeles Ávila

Bajo el sol y entre el asfalto de las calles, una cruz avanzó lentamente mientras el murmullo de oraciones acompañaba cada paso. En la colonia Cactus, un grupo de jóvenes convirtió las vialidades en un escenario de fe viva, al representar el viacrucis que recuerda el camino de Jesucristo hacia el Calvario.

El recorrido partió entre las calles de este sector y se extendió por diversas colonias como Hogares Obreros, San Rafael y Villa de Cactus, donde vecinos salieron de sus casas para observar, rezar o simplemente guardar silencio ante la escena. Todo ello como parte de las actividades organizadas por la parroquia de Santa María de Guadalupe.

Foto: Angeles Avila

El viacrucis —que significa camino de la cruz— es una de las tradiciones más arraigadas de la Semana Santa, en la que se recrean las últimas horas de Jesús. En esta ocasión, fueron jóvenes quienes asumieron los papeles principales, cargando no solo vestuarios, sino el peso simbólico de una historia que ha trascendido siglos.

La representación inició con la condena de Jesús, evocando el pasaje bíblico donde Poncio Pilato lo entrega para ser crucificado: “Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba… se lavó las manos delante del pueblo” (Mateo 27:24). Desde ese momento, comenzó el trayecto marcado por el dolor.

Foto: Angeles Avila

A lo largo del recorrido se distribuyeron las estaciones, desde la sentencia hasta Jesús en el sepulcro, permitiendo que cada tramo del camino se convirtiera en un espacio de reflexión. Entre ellas, momentos profundamente simbólicos como la primera caída, el encuentro con su madre y la crucifixión.

Foto: Ángeles Avila

Uno de los pasajes más representativos se vivió al recordar cuando Jesús, agotado, es ayudado por Simón de Cirene: “Le obligaron a llevar la cruz” (Lucas 23:26). La escena fue acompañada por el silencio respetuoso de los asistentes, algunos con lágrimas en el rostro.

Foto: Ángeles Avila

El momento culminante llegó cuando el joven que representaba a Cristo fue levantado en la cruz. El ambiente se tornó solemne. Desde lo alto, pronunció algunas de las llamadas siete palabras, como el profundo “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34), y el desgarrador “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46), que resonaron entre los presentes.

Foto: Ángeles Ávila

Al pie de la cruz, la figura de María permanecía firme, envuelta en dolor. La escena evocó el pasaje del Evangelio de Juan: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre…” (Juan 19:25). Su llanto, contenido pero intenso, marcó uno de los momentos más emotivos de la representación.

Foto: Ángeles Ávila

Tras la muerte de Jesús —“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46)— el silencio se apoderó de las calles. El cuerpo fue descendido de la cruz y colocado en brazos de su madre, recreando la imagen de la piedad. María lloró el cuerpo sin vida de su hijo, en una escena que conmovió profundamente a quienes acompañaban el recorrido.

Foto: Ángeles Ávila

El ambiente se llenó de contrastes: el sonido de los pasos, el arrastre de la cruz, las voces que narraban cada estación y el eco de las oraciones. Niños observaban atentos, adultos seguían el recorrido con veladoras en mano, mientras los participantes avanzaban con evidente entrega.

Más allá de la escenificación, el viacrucis viviente se convirtió en una manifestación comunitaria donde la fe se hizo presente en cada calle. No hubo escenario ni butacas, solo banquetas, tierra y corazones dispuestos a recordar.

Foto: Ángeles Ávila

Así, entre polvo, fe y sacrificio, las calles de Cactus y sus alrededores no solo fueron testigos de una representación, sino de una tradición que sigue viva, caminando año con año junto a quienes encuentran en ella un momento de reflexión y esperanza.

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