El Cine Avenida, ubicado en la icónica avenida Venustiano Carranza, es posiblemente el ejemplo más puro de que San Luis Potosí no siempre quiso vivir en el siglo XVIII. Inaugurado en una época donde el cine era el máximo rito social, su arquitectura Art Déco rompió con la monotonía de las iglesias para ofrecernos un palacio dedicado al entretenimiento.
El Cine Avenida es que nació para ser eterno y terminó siendo un testigo mudo de cómo los complejos de salas múltiples asesinaron la mística de la gran pantalla. Antes, ir al Avenida era un evento; uno se ponía su mejor levita o vestido para ser visto en el lobby antes de que las luces se apagaran.
Hoy, la fachada del Avenida persiste como un recordatorio de esa ambición cosmopolita potosina. Ver sus líneas geométricas y su marquesina es imaginar un San Luis que competía en elegancia con la Ciudad de México. Es irónico que, en una ciudad tan conservadora, el edificio más «moderno» se haya convertido en nuestra reliquia más nostálgica.
El cine ya no proyecta películas, pero su estructura sigue proyectando esa imagen de una ciudad que, entre bache y bache, no olvida que alguna vez fue la capital del buen gusto en el norte del país. Es nuestro pequeño Broadway de cantera rosa, recordándonos que el espectáculo debe continuar, aunque hoy sea en formato digital y con asientos de plástico.


