Ser minero en San Luis no era un trabajo, era un destino. Los mineros del Cerro de San Pedro tenían sus propios santos, sus propios cantos y un lenguaje que solo se entendía en la oscuridad del socavón.
Hoy, que el cerro es un cráter, esas tradiciones se guardan en la memoria de los descendientes. Son los «hombres de plata» que construyeron la ciudad que hoy pisamos y que merecen ser recordados no como cifras, sino como los arquitectos reales de nuestra riqueza.


