En el inicio de la Cuaresma, el Padre Luis Alfonso Martínez Gallo, discípulo de Jesús, exhortó a los fieles a vivir el Miércoles de Ceniza como un auténtico llamado interior a la conversión, más allá de la costumbre o la tradición, y a redescubrir el sentido profundo de poner a Dios en el centro de la vida.
Durante su homilía, el sacerdote reflexionó sobre la multitud de personas que acuden este día a recibir la ceniza, incluso aquellas alejadas de la práctica religiosa, y señaló que antes de juzgar es necesario preguntarse qué mueve a cada persona a acercarse a este sacramental.
Explicó que en el interior del ser humano laten dos realidades profundas: el deseo de trascendencia la búsqueda de Dios, y la conciencia de la propia fragilidad y pecado. “El alma busca a Dios, reconoce su límite y su necesidad de perdón”, expresó.
El presbítero subrayó que el Miércoles de Ceniza no celebra una fiesta particular, sino que marca el inicio de un camino espiritual: la Cuaresma, entendida como un proceso de retorno a Dios que conduce a la Pascua.
En este sentido, citó el mensaje cuaresmal del Papa, quien recuerda que este tiempo litúrgico invita a volver a colocar el misterio de Dios en el centro de la existencia para que la fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las múltiples inquietudes y distracciones cotidianas.
“El camino cuaresmal es volver a poner a Jesucristo como Señor de la vida”, afirmó.
Asimismo, explicó que las prácticas tradicionales de la Cuaresma ,la oración, el ayuno y la limosna, no son fines en sí mismos, sino medios para alcanzar una meta mayor: centrar la vida en Dios. Destacó que estas tres dimensiones deben vivirse unidas.





