Hubo una época en que el evento social más importante de San Luis no era un concierto, sino las «chocolatadas» del Casino Potosino.
Las familias de abolengo se reunían para beber chocolate espeso y comer pan de dulce mientras criticaban la moda de la temporada. Era un ritual de visibilidad social donde se pactaban matrimonios y se destruían reputaciones con la misma suavidad con la que se remojaba la concha en la taza.
Hoy el chocolate se toma con menos protocolo, pero la esencia del chisme elegante sigue viva en los portales, demostrando que al potosino nada le gusta más que un buen dulce acompañado de una historia bien contada.


